1996 | Movimiento “Manos blancas”

1996 | Movimiento “Manos blancas”

“Han disparado a Tomás y Valiente”, la noticia saltó el 14 de febrero en la Facultad de Derecho y no tardaba en extenderse tras los tres disparos fatídicos del etarra Jon Bienzobas Arretxe, ‘Karaka’, que provocarían la muerte inmediata del expresidente del Tribunal Constitucional, un profesor querido y admirado, conocido por toda la comunidad universitaria.

Todas las universidades de Madrid y del resto de la geografía española se vistieron de luto por el profesor Tomás y Valiente y en solidaridad con la UAM afirmaron en un manifiesto: “todos los universitarios de España, estudiantes, profesores y personal de administración y servicios, participamos en un solo esfuerzo, en la defensa de la vida y la tolerancia a través del conocimiento. Esfuerzo que se ve hoy reforzado, sin el odio que busca en nosotros el terrorismo cruel y cobarde, por la memoria de quien ha muerto a manos de los que niegan nuestra libertad y nuestra vida”.

Al día siguiente del asesinato, como una metáfora, miles de manos blancas –en contraste con las manchadas de sangre de los etarras– se alzaron en la Facultad de Derecho de la Autónoma contra la violencia terrorista. La iniciativa de los estudiantes de la UAM, secundada por todo el colectivo universitario, congregó a miles de personas, donde horas antes le había sido arrebatada la vida a un profesor valiente. Durante una hora y media, emocionados silencios en un mar de manos blancas se alternaron con gritos de “¡Basta ya!”. Estudiantes, profesores, decanos, rectores de diversas universidades españolas, secretarios de Estado se unieron en contra la violencia en un acto que daría inicio al llamado Movimiento Manos Blancas. El gesto se convirtió en el símbolo contra la violencia terrorista cuando cinco días después se repetía durante una manifestación histórica que congregó al mayor número de ciudadanos desde la manifestación en contra del golpe de Estado del 23-F en 1981.

El profesor Tomás y Valiente, un declarado creyente del Estado y la tolerancia, dejaba un libro póstumo convencido de que el Estado ganaría el desafío del terrorismo.

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